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Diego Fernando Gómez S.
"Es muy caro ser pobre…"

Lamentablemente, a los pobres les resulta más caro vivir. Los bienes que consumen en su canasta alimenticia y que configuran la base proteínica —como huevos, pollo, arroz y pastas— los tienen que comprar a mayores precios que los internacionales, en razón de los aranceles y las restricciones de importaciones que protegen a los productores internos y que obligan a los consumidores a pagar precios más altos.


Para ellos también son más costosos los arriendos de inquilinato y el transporte privado: ineficiente, de baja calidad y desarticulado, lo que los obliga a pagar más de un “tiquete” para llegar al lugar de destino. Con estos y muchos otros consumos y limitaciones diarias, terminan pagando con creces lo que supuestamente les dan subsidiado o de manera gratuita por parte del Estado.

Dentro de este marco de discusión, uno de los mercados más ineficientes para las familias de bajos ingresos es el del crédito, cuyo costo llega a duplicar el valor de los intereses que paga normalmente una familia de ingresos medios. El problema está asociado a lo que podemos llamar “un esquema de ingreso-consumo de subsistencia diaria”, que consiste en un proceso continuo de rebusque diario de ingresos informales que se dedican al pago de vivienda semanal o por día, a la compra de “puchitos” de arroz, huevos y otros alimentos para el consumo del día, y al pago de unas “cuotas” o “clubes” para saldar las deudas de los consumos más duraderos como la ropa o algún electrodoméstico.

…Y todo les sale más caro: los bienes de consumo que el tendero de la esquina les fía por unos días; la ropa y los electrodomésticosque, además de las financiaciones, tienen intereses que están por encima de las tasa de usura.

El efecto en el tiempo es muy relevante. Si las familias pudieran utilizar su capacidad de pagar “cuotas” en esquemas con tasas de intereses adecuadas, en el término de diez años tendrían el doble de electrodomésticos en sus hogares (Ecsim, 2008).

El acceso a mecanismos más eficientes de crédito hace parte fundamental de las estrategias requeridas para la superación de las trampas de pobreza y de exclusión social. Uno de sus roles debe ser dotar a las familias de bienes básicos que mejoren la calidad de vida y del uso del tiempo, como estufas y máquinas lavadoras de ropa; o de bienes con capacidad de generar capital humano en el largo plazo, como computadores e, incluso, televisores.

Otro rol es el de facilitar emprendimientos unipersonales o comunitarios que permitan a las familias asumir una nueva actividad económica que les mejore sus posibilidades de ingreso. Este papel supone actuar más allá de la simple actividad de préstamo o de evaluación de riesgo de crédito. Requiere de un acompañamiento más integral al proceso de emprendimiento.

Un tercer rol debería ser el de propiciar emprendimientos de mayor alcance y envergadura que promuevan empresas con mayores niveles de productividad y encadenamiento en el tejido económico. Pero esto, a su vez, requiere de un mayor acompañamiento a las iniciativas, que en muchos casos deberán ser exógenas a las propias comunidades en estado de pobreza y exclusión.

El asunto es que este es el reto de la actual década para la sociedad. Según la Gran Encuesta Integrada de Hogares (2008) del DANE, 32 por ciento de los hogares, 301.537 familias, deberá salir de su situación de pobreza. Aún nos falta concebir una estrategia integral de intervención, pero, sin duda, uno de los campos en que se deberá actuar es el de generar mejores mecanismo de crédito.

Fuente: Centro de Estudios en Economía Sistémica –Ecsim– (2008). Actualización, adecuación y modificación del micromundo para la planeación de políticas de intervención social en las comunas de Medellín, como herramienta de apoyo al seguimiento del plan de desarrollo 2008-2011: una aplicación de economía sistémica fundamentada en modelos de simulación de dinámica de sistemas. Alcaldía de Medellín; Departamento Administrativo Nacional de Estadística –Dane– (2008). Gran Encuesta integrada de hogares. Bogotá D.C.

Tomado de El Informador, Medellín, Junio de 2010: